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La Navidad en la Historia
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por Isaías A. Rodríguez

Para los cristianos, la Navidad es una fiesta de extraordinaria importancia. Celebramos en ella el nacimiento de Jesucristo, salvador del mundo.



Adoración de los Magos por Giotto

Hoy ignoramos cuándo nació Jesús exactamente. Los evangelistas que narran su infancia, Mateo y Lucas, no describen un informe histórico preciso, tal como se haría hoy según nuestra mentalidad moderna. Sólo pretenden enmarcar a su personaje en una época y darle una significación teológica. Así, aunque mencionen a César Augusto, emperador romano, y a Herodes, rey de Judea, con ello no fijan la fecha exacta del nacimiento de Jesús, sino un marco histórico.

Se desconoce la orden de realizar un censo universal; sólo hay evidencia de uno llevado a cabo en Judea en los años 6 a 7 después de nacido Jesús. Lo más probable es que Jesús naciera en Nazaret de Galilea y no en Belén, por eso le llamaban nazareno y galileo. Lo mismo sucede con otros datos narrativos, como el pesebre, los pastores, la estrella, los magos, la matanza de los inocentes; son elementos teológicos, no históricos.

La celebración del nacimiento de Jesús sufre muchas vicisitudes. Durante varios años no se celebró. Luego se ofrecieron varias fechas. En el siglo tercero Clemente de Alejandría proponía como día más adecuado el 19 de abril, otros sugerían el 28 de marzo o el 29 de mayo. A partir del año 336 tenemos constancia del 25 de diciembre, fecha que se extendió poco a poco hasta adquirir aceptación general.

Hay varias teorías para explicar la selección de esa fecha. La más aceptada nos habla de un gran festival pagano celebrado en Roma con ocasión del Natale Solis Invicti, fiesta del sol invicto, el 25 de diciembre, día del solsticio de invierno cuando los días empiezan a ser más largos y por lo tanto se considera que el sol triunfa sobre las tinieblas. El jolgorio de esas fiestas no tenía límites: los negocios se cerraban, la actividad laboral cesaba, e incluso los esclavos gozaban de más libertad durante unos días. Cánticos, intercambio de regalos, juergas y desatinos, eran los ingredientes que definían esa temporada festiva. ¿Cómo podrían los líderes cristianos privar al pueblo de tanta algazara? ¿Qué mejor que bautizar ese evento pagano, dándole una orientación más profunda? ¿Qué mejor que colocar en lugar del astro solar a Jesús, el Sol de Justicia anunciado por los profetas del Antiguo Testamento?

Así surgió definitivamente la fiesta de La Navidad. Los cristianos debemos llevar impreso en nuestras almas el simbolismo religioso: Jesús, el Sol que ilumina nuestro caminar hacia la patria eterna.


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