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¿Qué sucede con el Limbo?
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por Isaías A. Rodríguez

Cuando en las clases de preparación para recibir el sacramento del bautismo pregunto a la gente, ¿qué es el limbo?, la inmensa mayoría de los asistentes no sabe qué responder. Esa teoría medieval que se había introducido en la tradición y había llegado hasta las páginas del catecismo, sin ser doctrina "oficial" dogmática, está perdiendo su importancia, porque al fin de cuentas, no pasó de ser "una hipótesis teológica", como el mismo Cardenal Ratzinger -ahora papa Benedicto XVI- había afirmado ya en 1984. Hipótesis creada para resolver la suerte de los niños que morían sin el bautismo y la de millones de personas que, nacidas antes de Jesús, habían muerto cuando no se había instituido el bautismo. Tanto unos como otros, "no gozarían de Dios pero tampoco sufrirían".

Al parecer, la Comisión Teológica Internacional que trató del tema y cuyo documento todavía no se conoce -ni está terminado-, pero que ha de servir para aconsejar al Papa y a la Congregación sobre la Doctrina de la Fe, ha concluido también que ya es hora da abandonar semejante teoría.

Un miembro de la misma ha declarado que: "El limbo ya no es opinión común de la teología católica, y en cuanto se refiere a la salvación de los niños no bautizados, confiamos en el amor misericordioso de Dios". Otro miembro ha declarado que caben dos preocupaciones dignas de tener en cuenta: una pastoral, orientada a ofrecer un mensaje de esperanza y consolación a los padres cuyos niños habían muerto en esas circunstancias; y otra de "relativización" en la función salvadora de la Iglesia; es decir, sin disminuir la importancia del mandato de hacer discípulos y bautizar, la decisión adoptada sobre el limbo representa una toma de conciencia de que a fin de cuentas es Dios quien salva, no la iglesia, y que los teólogos debieran ser más cautos a la hora de sistematizar con exactitud cómo ejerce Dios su salvación.

El argumento de los teólogos se expresaba en éstos términos, como los niños nacen todos con la mancha del pecado original no pueden ir al cielo, pero como ellos no han cometido ese pecado tampoco pueden ir al infierno; de ahí surgió la idea de crear un estado intermedio.

Esta idea, como otras muchas, no había cuajado del todo. Así que no es de extrañar que los tiempos hayan madurado para su eliminación total. Ya después del Concilio Vaticano II (1962-65) en el Misal Romano se había incluido una misa para un niño que muere sin el bautismo. La oración inicial del servicio dice así: "Padre de toda consolación, a quien nada permanece oculto, tu conoces la fe de estos padres que lloran la muerte de su hijo. Haz que encuentren consuelo sabiendo que él (ella) ha sido confiado al amoroso cuidado".

Pero, ¿qué se puede decir de otras ideas teológicas como el purgatorio y el infierno? No será fácil eliminarlas de los contornos de la enseñanza católico romana, pero muchas señales indican que se camina por ese sendero. Sobre el infierno, el papa Juan Pablo II ya hizo saber que no se trata de "un lugar". Ya no existen esas llamas ni tormentos ni diablos con cuernos y rabos y horcas, que tanto se difundieron por imaginaciones febriles durante la Edad Media. El infierno sería más bien una estar alejados de Dios. Y, ¿qué significa eso? El teólogo suizo Hans Urs von Balthazar, fallecido en 1998, afirmó que los cristianos pueden tener la esperanza de que el infierno esté del todo vacío.

( El lector puede ver lo escrito sobre el infierno, en la sección de Biblia)

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