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La Unción de los Enfermos
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Jesús curando a un sordomudo, grabado de Philipp Melanchthon, publicado en 1561.

por Isaías A. Rodríguez

No se entiende la vida pública pastoral de Jesús desligada de su amor y preocupación por los enfermos. El evangelio de Marcos lo describe sucintamente: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos"(Mc 7,37). Y Lucas: "Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos" (Lc 6,19). Tal dedicación al ser humano que sufre no podría pasar desapercibida a los apóstoles. Los doce "ungían con aceite muchos enfermos y los curaban" (Mc 6,13). La Carta de Santiago presenta un rito casi detallado de esta práctica pastoral: "¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor. La oración hecha con fe curará al enfermo y el Señor lo hará levantarse; y si ha cometido pecados, se le perdonarán. Confesad unos a otros los pecados, rezad unos por otros, y os curaréis. Mucho puede la oración solícita del justo" (Sant 5,14-16). Se ha discutido si el efecto apropiado de este sacramento es una curación espiritual en preparación a la muerte o una curación física. Hoy se prefiere decir que es la persona total la que recibe curación mediante la oración de la Iglesia.

En la Tradición Apostólica de Hipólito hay dos referencias sobre el ministerio de los enfermos: se ha de avisar al obispo para que visite al enfermo; el óleo lo bendecirá el obispo en la eucaristía comunitaria. Documentos existentes indican que el óleo bendito por el obispo se lo llevaban los fieles y cuando alguien caía enfermo lo bebía o se lo frotaba a sí mismo sobre la parte enferma, u otros se lo aplicaban al enfermo. Otros documentos anteriores al concilio Niceno indican que los clérigos o los laicos, con dones curativos, visitaban a los enfermos, rezaban por ellos, luego les imponían el óleo. Con frecuencia, los diáconos llevaban el sacramento a los enfermos.

A partir del siglo IX con la reforma carolingia, la clericalización de la Iglesia se acentuó más, y se empezó a llamar a los sacerdotes a la cama del enfermo, que se confesaba, recibía la unción del óleo y finalmente el viaticum, es decir, la última comunión sacramental del cristiano en peligro de muerte. Cuando el sacramento de la reconciliación empezó a separarse del de la unción, éste siguió conservando un tono penitencial. La unción se interpretó a veces como una consagración de quien estaba muriendo. Si se recuperaba se esperaba que llevara una vida espiritual ejemplar. La unción no se podría repetir. El ritual se hizo cada vez más complicado con varias unciones cubriendo los sentidos y otras partes del cuerpo. De esta manera la unción de los enfermos se fue relegando cada vez más hasta la hora de la muerte, administrada por los sacerdotes, con óleo bendito por el obispo.

En el siglo XIV el orden de este sacramento había cambiado, de confesión, unción y viático, a confesión, viático y unción. "La extrema unción" había pasado de significar la última unción que recibía un cristiano a una unción que se recibía in extremis, es decir, al momento de morir.

La mayoría de los rituales de los Reformadores eliminaron la unción con el óleo. La Iglesia luterana conservó exhortaciones, lecturas, salmos, absolución y la celebración de la eucaristía. El resto de los Reformadores dejaron el rito a la discreción del ministro que visitaba al enfermo. Unos estaban a favor de la comunión, y otros se oponían a ella.

El concilio de Trento no prestó atención a las criticas de Reformadores y consolidó el uso de entonces. Afirmó que era un sacramento instituido por Cristo, pero promulgado por Santiago, y decretó que lo administraría el sacerdote "especialmente a personas enfermas de gravedad cercana a la muerte" y no exclusivamente a los moribundos. Aunque posteriormente, se hicieron varios intentos, incluso promovidos por papas, de que el sacramento se pudiera administrar en más de una ocasión y a enfermos no rayando a la muerte, en la práctica perduró la creencia de que se trataba de un sacramento que preparaba al moribundo para la gloria.

El concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la liturgia, decretó que el sacramento de la "extremaunción" "mejor puede llamarse unción de los enfermos"(73) porque no es sólo para quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida. Y se establece el orden de confesión, unción y viático. También se pide que se adapte a las circunstancias, con relación al número de unciones (75). Actualmente, la unción de los enfermos en la Iglesia católico romana se puede administrar dentro de la misa, fuera de la misa, y en un hospital o institución. Los símbolos del rito son la oración de fe, la imposición de las manos y la unción con el aceite.

El Libro de Oración Común en uso en la Iglesia episcopal sugiere lecturas y salmos; hay imposición de las manos; y unción a discreción; comunión que puede ser de una eucaristía celebrada en el momento o del Sacramento reservado; se ofrecen varias oraciones.

Las otras confesiones cristianas siguen normas similares a las aquí mencionadas.


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